Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
Romanos 5:7-8 NVI
Cuántos de nosotros hemos dicho o pensado: yo daría mi vida por mi madre, o por mi padre o alguno de mis hermanos, o por mi abuela, incluso por alguno de sus amigos o por una persona que en algún momento le "salvó" la vida.
Pero sinceramente, ¿quién ha pensado? Yo daría mi vida por un secuestrador, por un sicario, por un político corrupto, por el que se subió a asaltar la ruta, o por el que le hizo bullying en la primaria cuando era pequeño, o si quiera por quien lo ofendió ayer en la calle.
¿Nadie?
Pues a Jesús no sólo lo ofendieron, no sólo lo humillaron y escupieron, si no que también lo golpearon de manera brutal, lo pasearon públicamente semidesnudo, lo torturaron y lo mataron de la forma más vil y horrible de aquel tiempo: crucificado. Y peor aún, sus amigos, a los que les enseñó tantas cosas durante tres años, a los cuales cuidó y alimentó, y en quiénes confiaba plenamente, lo traicionaron, lo negaron y dudaron que sus palabras fueran ciertas.
¿Cómo te sentirías con alguna de esas cosas? ¿Qué reacción hubieras tenido contra Dios al vivir algo parecido? ¿Crees que lo que ha pasado en tu vida ha sido peor que eso?
Pues aún hay más, estando Jesús clavado a esa cruz experimento el peor abandono de todos, el que muchas veces hemos creído sentir pero de ninguna manera se puede comparar.
Jesús sintió el abandono de Dios, en ese último momento él cargó con tu pecado, con el mío y con el de toda la humanidad. El único justo de la tierra, el que nunca pecó y que fue obediente en todo.
Dios volteó su rostro de él por causa de nuestro pecado y aunque Jesús con el poder y autoridad para bajarse de ahí y acabar con todos, prefirió permanecer, entregarse y con su sangre lavarnos y limpiarnos.
Dio su vida por tí, y tal vez digas pero yo no he sido tan malo, ni le hago mal a nadie...
Pero en más de una ocasión has pecado, ¿cierto? y la Biblia dice que la paga del pecado es muerte, no hay más, así que quiénes debimos estar ahí clavados fuimos tú y yo, junto con los secuestradores, ladrones, asesinos, etc...
Pero gracias a Dios todo eso ya está saldado, Él dio su vida por nosotros, los que lo ofendimos y humillamos, los que dudamos de él, lo negamos y escupimos, traicionamos e incluso lo matamos.
No te pido que te sacrifiques o que mueras por alguien, sino que vivas por aquel que murió por ti, y vive, no para intentar pagarle, sino para agradecerle un poco de todo lo que ha hecho por tí, reconocelo en todos tus caminos y él enderezará lo torcido.
De gracia damos lo que de gracia recibimos, así que no ofendas ni sobajes a tu prójimo, pues él costó la misma sangre y sufrimiento que tú.
Sólo tienes que recibirlo y creer en él, acércate a Dios, pues no hay nada que Él no sea capaz de perdonarte.
¡Bendiciones!